Un príncipe no se aísla, un príncipe no se deprime, un príncipe no llora. Si siempre has sido introvertido (como seguro siempre has sido), es hora de ir cambiando eso. Tienes que salir, tienes que socializar, tienes que poner a prueba tu autocontrol.
Salir y enfrentar al mundo es una excelente fuente de estímulo y fortaleza. Aquí el por qué. Si andas por las calles la gente volteará a verte, murmuraran sobre ti, te señalaran con el dedo, incluso se burlaran de ti en tu cara. Ahora piensa. A ti no te gusta eso. Es precisamente eso lo que te dará el estímulo para seguir adelante. Cada que no encuentres un asiento vacío en el bus, o cada que nadie se quiera sentar a tu lado, o cada que la persona a tu lado deforme su rostro por lo incomoda o asqueada que esta por tenerte tan cerca, recuerda que es este el motivo por el que haces esto. Cada que no puedas subir a los juegos mecánicos en los parques, cada que no quepas en los sillones del cine, o si te gana la tentación y vas a comer comida rápida, cada que no quepas en las sillas de las mesas, recuerda que por eso decidiste ser un príncipe. Si vas a comer chatarra, come en un lugar donde haya mucha gente, y observa como te miran, ve cuanto asco les produces, escucha todo lo que tienen para decirte, y recuerda que es por eso que haces esto.
Cada palabra, cada gesto, cada mirada. Toma todo eso y transfórmalo en odio, y después ese odio transfórmalo en fuerza, y esa fuerza vuélvela voluntad. Así, y solo así, tendrás el poder de decir "hasta aquí" y nunca comer de más. Así tendrás el control, el verdadero control.
Y cuando te vean, no te muestres triste, tú no estás triste, tú estás feliz. Si, estas feliz porque ahora tienes el control, ahora tu controlas la comida y no la comida a ti. Debes ser divertido, mostrarte siempre sonriente y o optimista. Pero no solo mostrarlo, sino sentirlo. Sentir que eres feliz, sentir que eres fuerte. Estas venciendo al hambre, estas venciendo al miedo. Eres un fuerte y valiente príncipe.
Recuerda, los príncipes no lloran ni se aíslan. Si sigues esta simple regla, la reina Ana te bendecirá. Si la ignoras, atente a las consecuencias.
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